lunes, 8 de febrero de 2021

[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 6)

 El Lucero del Alba fue bien recibido en el grupo.

Se trataba de una de las criaturas más antiguas de la tierra... Junto a Júpiter y sus hermanos. Un ángel guardián, que al parecer había velado por la prosperidad de la humanidad hacía mucho tiempo.

Aún con ese deje de melancolía y tristeza que emanaba, su presencia pura y santa estaba prácticamente a la par de la de Neptuno.


En los próximos días, este peculiar grupo formado por siete demonios y dos criaturas celestiales se prepararía para su viaje.

Tras el largo consenso, la intención de ese equipo era viajar hasta Prontera y confirmar la fuente del mal que había sometido a los demonios. Lucifer y Neptuno se encargarían de traer a Marte de vuelta si es que realmente había estado actuando por su cuenta.

De Saturno no había noticias todavía, pero si lograban reunir a los cuatro hermanos...

Todavía había esperanzas de detener el desastre.

En una de las últimas reuniones, se había propuesto repetir el plan de hacía ya más de doce mil años. Dormir a Andrómeda, privarla de su sustento... Pero esta vez... Debían asegurarse de que no volvía a repetirse el cataclismo. Mercurio y Júpiter coincidían en que había llegado la hora de volver a convertirse en lo que habían sido antaño.


Cuando se acercaba el día del viaje, Júpiter y Mercurio lamentaron al principio no contar con hombres adicionales que pudiesen acompañar a Neptuno y los demás, pero... Realmente no era muy necesario. Neptuno era de lejos, la más poderosa de entre todos los hermanos, si bien odiaba luchar.

Los siete señores de los demonios eran sin duda poderosos, y además les acompañaba el Lucero del Alba...

Al final el viaje se retrasó dos días, pues Belphegor había intentado echarse atrás fingiendo encontrarse mal y Satán había iniciado un conflicto con Lucifer, el líder de los siete, cuando este se negó a dejarla atrás.

Finalmente la única solución pasó por preparar un carruaje tirado por dos dragones, especialmente para ella y Mammon, que sería quien acabaría conduciéndolo.


Por fin, tras solucionar los conflictos internos de los demonios... Partieron al alba...

Asmodeo salió temprano de los aposentos de Mercurio con toda la discreción posible, y más tarde se le unirían Lucifer, Beelzebub, Satán, Leviathán... Y Mammon, que llevaba a Belphegor en su carrito. Neptuno y el ángel de Kanassa, aguardaban en la plaza.

Neptuno, ahora vestida con ropas de viaje, volvió a mirar a sus dos queridos hermanos... Júpiter y Mercurio.

Volvió atrás sólo para abrazarlos una última vez antes de partir, y dedicó a ambos una mirada llena de ternura y amor fraternal.


-Estaré de vuelta antes de que os deis cuenta... Y volveré con la pequeña Marte sana y salva. Lo prometo. -Aseguró Neptuno.


-Eres a la única que va a escuchar. La última vez se puso a levantar siervos para competir conmigo... Tenía un demonio de barro, Dominika. La reconocerás por su forma, es más grande y llamativa que cualquier súcubo. Si la ves, sabrás que nuestra hermana efectivamente no anda muy lejos... Pero ve con los ojos bien abiertos, porfavor. El mundo se está viniendo abajo... -Respondió Mercurio cuando le tocó corresponder al abrazo de Neptuno.


Así... Tras intercambiar esas palabras con sus hermanos... El grupo partiría hacia el sur.

Atravesarían montañas heladas... Desiertos azotados por muerte y corrupción... Campos infestados de enormes abominaciones, y pequeñas poblaciones humanas que habían sido devastadas recientemente. Cualquier lugar por el que pasaban era tan o más desolador que el anterior.

Sería una travesía dura... Que duraría semanas. Y aunque los siete demonios estaban acostumbrados a esto, Neptuno y el Lucero del Alba estaban reviviendo con cada escenario un pasado lejano que todavía les atormentaba...

La destrucción, la muerte y la desaparición de toda criatura viva se cernía sobre el mundo sin nada que pudiesen hacer para evitarlo.



Y mientras ellos viajaban...

Una semana después de su partida, llegaría a la fortaleza la corte del cuarto de los hermanos. Saturno.

Se trataba de una criatura magnífica, más grande incluso que Mercurio, con unas alas de un tono azul muy oscuro. Sus ojos, al igual que los de sus hermanos brillaban con un tono sobrenatural, del mismo color que sus alas.

Quitando esos rasgos sobrenaturales que podían resultar intimidantes, Saturno era sin duda atractivo. Su voz proyectada y clara, el trabajado cuerpo que no se molestaba en ocultar tras una armadura, y esa mirada que derrochaba confianza, fuerza y sensualidad...

El hermano de Júpiter y Mercurio llegaría a caballo, encabezando un grupo numeroso de guerreros. A izquierda y derecha caminaba un grupo de Golems. Los había de magma, también de oridecon, y algunos estaban hechos de roca corrupta.

Tras ellos, dos orcos de brutal tamaño y musculatura exagerada, encabezaban lo que sin duda era... La horda orca al completo.

De no haber sido porqué en el caballo de Saturno había una mujer humana aferrada a su cintura, y le acompañaba otra muy de cerca, a caballo... Júpiter se habría equivocado con él esta vez. No había estado perdiendo el tiempo... Del todo.

La sorpresa sería grande... Aunque llegaba tarde para encontrarse con su hermana Neptuno.


[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 5)

 Júpiter observó a los demonios recién llegados mientras comían y Lucifer contaba lo que estaba pasando. Atisbaba en él a un gran guerrero contra el que combatir de forma amistosa un día y le recordaba, salvando las distancias, a alguien que conocía muy bien. Asmodeo, sin embargo... miraba de reojo a su hermano Mercurio y veía las miradas de soslayo que dirigía a la bella súcubo que le miraba de vez en cuando y sonreía sin decir nada. Y no le cabía la menor duda de que la sonrisa de la joven albergaba algún tipo de poder seductor. Eso, que le hizo recordar a Saturno y todas las veces que la había engañado, le hizo romper una copa porque a fin de cuentas... ¿dónde se había metido para no acudir a la reunión? ¿Acaso estaba, para variar, tonteando con alguna ramera?


Satan, que luchaba por contener su ira constantemente y ella, al producirse la rotura de la copa, se miraron. Y se produjo una pequeña corriente de entendimiento entre ambos.



Las nuevas que contaron Lucifer y Neptuno eran cuanto menos cuestionables. A su juicio, Marte era incapaz de hacer todo eso que creían. No, su hermana pequeña no podía haber hecho todo eso. Lo más probable es que se tratara de algún otro tipo de ente oscuro el que estaba encerrando demonios y apropiándose del nombre de su hermana. Era una insolencia imperdonable. Entendía que aquellos líderes quisieran ir a comprobar la situación. Sus congéneres estaban desapareciendo y todo hacía presagiar algo malo. Sin embargo, Neptuno... no podía dejar que su hermana fuera sola. Se excusó y salió de la estancia sin responder a Neptuno. Al cabo de medio minuto volvía a entrar seguida por un ser de belleza serena pero deslumbrante, espectacular. Era un gran ángel femenino de alas de un blanco cegador y armadura impoluta y brillante, plateada con rebordes dorados. Desprendía un aura beatífica que todos pudieron captar. Su mirada era triste, su rostro, melancólico.


-Os presento al Lucero del Alba. Fue Guardiana de la Humanidad en Kanassa y uno de los pocos supervivientes. Neptuno, no puedo dejar que vayas sola a Prontera. Si llegara a pasarte algo no me lo perdonaría jamás, así que por favor, permitid que este ángel, que ha vagado solo durante milenios y que en cuanto tuvo noticias de mi despertar acudió a mi encuentro, os acompañe. Hermana, no hay nadie en quien confíe más, a excepción de ti, por supuesto.


El ángel hizo una inclinación de cabeza, llena de respeto.


-Sería un orgullo para mí poderos acompañar, Lady Neptuno. - les dijo.


La complicidad entre aquel ángel y Júpiter era evidente y las palabras de la hermana mayor no parecían contemplar la posibilidad de una negativa.


[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 4)

 El cálido reencuentro de los tres hermanos fue interrumpido poco después.

Neptuno había venido desde las lejanas tierras del sur... Pero no lo había hecho sola.

Tras ese cálido reencuentro, la propia Neptuno se separó, sin dejar de mirarles con una sonrisa y se hizo a un lado para presentar a sus invitados.


-Hermanos, disculpad que no haya podido avisaros... Pero estas nobles criaturas me han acompañado durante buena parte de mi viaje.

Con ellos he podido averiguar muchas cosas sobre lo que está sucediendo, y también sobre nuestros hermanos.

Dejad que os presente...


Él es Lucifer. -El demonio alado que respondía al nombre de Lucifer dió un paso al frente. Era un caballero de aspecto muy fuerte y porte orgulloso que manejaba una enorme espada, de piel violeta y cuernos retorcidos. Mantenía la barbilla alzada incluso en presencia de los tres hermanos.


Él... Es Satán. -Continuó Neptuno, con una sonrisa tierna que no se correspondía con el demonio que estaba presentando.

Satán resultó ser un baphomet de gran tamaño, que no paraba de resoplar por la nariz. Era un herrero, que portaba un carro fabricado con huesos. Se hacía evidente que estaba tenso, y tenía mucho que decir. Tal vez no con palabras... Por suerte, quien debía recibir toda esa ira, no se encontraba entre ellos.


La chiquitina es Leviathán. -Dijo mientras se agachaba para ponerse a la altura de una minidemon de color marrón.

Era difícil distinguir el sexo entre los demonios de esa raza, pero Neptuno se había tomado la molestia de conocerla y hablar con ella. Y parecía que se llevaban muy bien. Leviathán mostró una sonrisa afilada poco antes de susurrar cosas al oído de Neptuno.


El grandote es Beelzebub. -Comentó mientras presentaba a una abominación enorme y obesa, parecida a una mosca.

Beelzebub era un hechicero de profesión. Y parecía especialmente poderoso, a juzgar por el grimorio que obraba en su poder.


De pronto, Neptuno se dio cuenta de que su hermano Mercurio estaba intercambiando miraditas con una de sus acompañantes. Una súcubo especialmente atractiva, con una mirada que a priori parecía inocente.

Neptuno sonrió al percatarse de eso, y optó por nombrarla a ella en siguiente lugar. -Esta chica es Asmodeo, hermano.


-El siguiente era un apuesto íncubo que manejaba dos cuchillos y vestía ropajes nobles y caros. Traía consigo un carrito, dentro del cual dormía otra súcubo más, enroscada sobre un montón de oro. El demonio, optó por presentarse a sí mismo, y también a su compañera.

-Soy Mammon, a vuestro servicio. La chica que duerme en el carro es mi mujer, Belphegor. Os ruego que la disculpéis, pero ha sido un viaje largo y no está acostumbrada a recorrer distancias tan largas.


-Neptuno sonrió con amabilidad a Mammon, y volvió a dirigirse a sus hermanos.


-Estos siete demonios son los actuales líderes de su raza, hermanos.

Coincidimos cerca de Geffenia, hemos intercambiado información y... Desde entonces empezamos a viajar juntos.

Gracias a ellos he sabido de vosotros y del resto de nuestros hermanos.


-De esta manera, los siete señores demonios se unieron a la conversación.

Mercurio preparó el gran salón para todos ellos. Calculó mal el apetito de sus invitados, pues Beelzebub parecía ser un pozo sin fondo, pero por lo demás la reunión continuó con normalidad.

Resultó que estos demonios, desconocedores del enorme poder que Neptuno escondía en su interior, habían decidido en un principio, acompañarla hasta aquí conmovidos por su gentileza y amabilidad, para evitar que muriese.

No había sido hasta la mitad del camino, que habían sabido que tenían más en común de lo que pensaban.


Lucifer contó una historia inquietante a los tres hermanos, mientras Satán partía su tercera copa, incapaz de contener la rabia que le provocaba todo aquello.

Resultó que... Los demonios de todas las especies habían estado desapareciendo desde hacía unos años.

Habían sido pocos al principio, pero últimamente se había hecho evidente.

Leviathán había sido quien se había percatado de que estaban siendo encerrados en las mazmorras de Prontera, gracias a la red de información que manejaban los deviruchis.

Prontera era... Un lugar oscuro, rodeado de nubes negras que destilaba oscuridad ya desde antes del incio del apocalipsis.

Se decía que allí gobernaba un señor oscuro...

Algunos le conocían como Arturo. Pero otros... Se referían a él como Marte.

Y ese nombre... Era precisamente lo que había terminado de unir los caminos de los siete demonios, con el de Neptuno y sus hermanos.

Ni Mercurio ni tampoco Júpiter tenían idea alguna de lo que había pasado con Marte tras la guerra en Louyang.

Todavía la recordaban como una criatura pequeña. Indefensa. Frágil... Hábil con las artes oscuras, sí. Pero no lo bastante cómo para ser abandonada a su suerte. Era su hermana pequeña, a pesar de sus arrebatos infantiles y sus berrinches.

Oír su nombre haciendo referencia a un tirano que estaba capturando demonios no dejaría indiferente a ninguno de ellos.

El problema eran los demonios. Puede que Júpiter, Neptuno y Mercurio viesen en Marte el recuerdo de una adorable hermana menor.

Pero estos demonios veían una amenaza. Un enemigo peligroso. Un tirano que había atacado y encerrado a los suyos.

Alguien a quien eliminar. Y eso no ayudaba al consenso y a mantener una conversación en calma.


-Creo que efectivamente podría ser nuestra hermana pequeña.

Temo por ella. Me preocupa lo que le haya podido pasar todo este tiempo, desamparada y sin nuestro apoyo. Me da miedo que haya tomado elecciones equivocadas... O que las esté tomando.

Ni siquiera sé si será consciente de lo que está pasando con nuestro mundo en estos momentos...

El mensajero debería haber llegado fácilmente a Prontera, pero sin embargo Marte no ha respondido ni ha venido hasta aquí tampoco...

Lucifer y los suyos iban de camino hacia Prontera, dispuestos a liberar a sus compañeros. Pero si se trata de nuestra hermana... Confío en que no será necesario emplear la violencia. Podemos traerla con nosotros, dormiremos a Andrómeda de nuevo y tras eso podríamos trabajar juntos en el proyecto de la Torre que mencionabais antes.

A Marte le gustará ser tenida en cuenta en todo esto.


-El comentario de Neptuno trajo algo de calma a una conversación que se estaba poniendo tensa, debido al descontento de los demonios...

¿Qué decisión tomarían al respecto...?


[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 3)

 No hacía mucho que había despertado. La magia, la energía desbocada, la guerra... Y cuando lo hizo sospechó de inmediato la magnitud de lo que ocurría. Se había sumado automáticamente a la guerra sin preguntar, sin hacer nada salvo aceptar las circunstancias en las que había despertado tras tantos... tantos... tantos años de letargo.


Júpiter llegó al Norte y una sonrisa escapó de sus labios. Había recibido la nota en medio de la guerra, de combates que no dejaban margen de descanso. La recibió como una gota de aliento fresco y ansió con ganas el encuentro. Los humanos no le caían bien. No dejaban de repetir los mismos errores, milenio tras milenio. No aprendían y no parecían dispuestos a escuchar. La ambición, la violencia, la ira, las ganas de manejar poderes que escapaban a su comprensión y manejo... ¿Aquel apocalipsis en el que se debatían habría sido también culpa suya?

Dejó a un lado pensamientos tan oscuros y acudió al encuentro de aquel al que llamaba con orgullo y cariño, hermano. Deseaba verles y esperaba que acudieran todos. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez y les echaba de menos.


Al encontrarse con Mercurio respondió a la efusividad del saludo con afecto. Le sorprendió ver un dragón sin encadenar a su lado. Y un dragón blanco además, algo realmente difícil de ver en aquellos tiempos. Se preguntaba cuánto habría cambiado Mercurio para aceptar la presencia de semejante animal a su lado.


Escuchaba las noticias de Mercurio reconfortada por el calor que desprendía la chimenea y escuchaba atenta. Al principio sonrió al escuchar el nombre de Marte. Su sangre, la pequeña a la que protegían y a quien mimaba, tal vez y de forma inconsciente, demasiado.

A medida que recibía más información su rostro iba endureciéndose, sabedora de la gravedad de lo que estaba sucediendo y del cómo. Confirmar que los humanos estaban tras aquel nuevo desastre no fue muy decepcionante pues era su mayor temor. Pero almenos, tanto él como Marte hacían algo para evitarlo, para arreglarlo. No todo estaba perdido. Abrazó a Mercurio en un intento de ánimo del que ella tampoco estaba muy segura de si era capaz de transmitir. Pero tenían que intentarlo. Tenían que vencer. Lo lograrían.

Le preguntó por los demás pero no había noticias aún.


Júpiter no tenía mucho que contar, lamentaba haber tardado tanto en despertar y haberse incorporado tan tarde. Dio algunas ideas sobre cómo avanzar, cómo abrirse frente en la batalla.


Cuando las puertas se abrieron, cuando entró ella, cuando escuchó su voz... el corazón se le detuvo por un instante. Neptuno... y para Júpiter era como si la estancia entera se llenara de luz. Amaba a Neptuno profundamente, era su hermana, su mejor amiga, era un ejemplo para ella, que a veces pecaba de rectitud.


Los tres hermanos se fundieron en un cálido abrazo, reconfortados por el encuentro. Júpiter lo prolongó un poco más. Ver a Neptuno de nuevo, tras tanto tiempo, era maravilloso.

[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 2)

 El cielo estaba totalmente teñido de rojo. El viento ululaba a todas horas, en todas partes, trayendo consigo el lamento de la muerte.

Se mirase donde se mirase, el paisaje era desolador.

Fuego, destrucción... Y desde hacía unos años, además, hordas de todo tipo de criaturas aberrantes que parecían salidas de una pesadilla.

El Caos dominaba la tierra y poco a poco, la calamidad conocida como "Andrómeda" consumía un mundo que había sido muy hermoso.

Tras la caída de Yuno de los cielos, y la desaparición de los últimos héroes que habían tenido el valor de intentar detener el cataclismo, el futuro parecía aciago no sólo para la humanidad, si no para toda criatura.

Pero a pesar de eso, todavía no parecía que todo estuviese perdido.
En el pasado Ellos habían sido capaces de detener una catástrofe muy similar... Gracias a la unión de sus fuerzas, y la ayuda de sus ángeles.

Puede que ahora fuesen otros tiempos. Puede que los ángeles hubiesen perdido su gracia mucho tiempo atrás. Estaba claro que solos no podrían detener lo inevitable... Y era por eso que se había puesto en marcha un plan. Uno que requería a todos los hermanos juntos.

En esa reunión iban a verse por primera vez en cientos, o tal vez miles de años.

Su hermano Mercurio les había enviado una carta a todos. Y aunque realmente no eran hermanos biológicos, salvo una excepción en el grupo que sí tenía lazos de sangre... Hacía mucho que habían aprendido a considerarse así.

Era difícil que todos los hermanos se llegasen a reuniesen allí. No había garantías de que las cartas llegasen a todos ellos. Ni siquiera estaba clara su ubicación. Los mensajeros habían partido buscando a sus destinatarios guiándose por poco más que rumores acerca de seres alados de gran poder que luchaban activamente para frenar la corrupción que se extendía por el mundo.

La idea era reunirse en la capital del Norte. Nohr.

Era una ciudadela militarizada y defendida por un enorme castillo, que según parecía... Gobernaba Mercurio.

La carta mencionaba que el trono había sido ocupado antes por un antiguo rey humano que había servido a Mercurio tiempo atrás. Pero según decía su hermano, ahora el castillo le pertenecía y era un lugar fácil de defender, desde donde podían reunirse y planificar sus movimientos.


Allí es donde se verían de nuevo...

La primera en ser recibida por el autoproclamado Rey del Norte, fue Júpiter.
Había llegado por la mañana, y Mercurio la había recibido con efusividad. Dado que al guerrero nunca le habían gustado las bestias, fue una sorpresa para Júpiter comprobar que Mercurio tenía un dragón precioso de color blanco puro a su lado. Sin encadenar, además.

Así, ante el crepitar del fuego de una chimenea humana... Mercurio la puso al día.

Le contó cómo había sido su hermana pequeña Marte quien había despertado de su letargo en la piedra tiempo atrás...

Cómo le había despertado a él, y... Cómo habían percibido el peligro del inminente despertar de Andrómeda.

Mercurio no escatimó en detalles... Y así Júpiter se enteró de quienes habían sido Chen Tao y Tofu Mao, los artífices de una maniobra que pretendía despertar a Andromeda a través de un jade sobrecargado de poder, para usarla como arma de destrucción en contra de una nación vecina.

También le habló de Las Naciones Unidas, y su líder... Y de cómo él y la pequeña Marte habían intentado detener a la humanidad.

El Rey del Norte relataba con amargura como los seres humanos se habían hecho fuertes a través de las máquinas y la tecnología... Y cómo fue derribado en combate.

No sería hasta pasada media tarde... Cuando ya no tenían más historias que contarse, que ella entró al castillo.

Mercurio poseía una presencia fuerte. Era un guerrero formidable, y eso se sabía con sólo ponerle la vista encima.

Júpiter, por su parte era una criatura majestuosa. Era hermosa, pero su presencia casi sobrentural podía resultar escalofriante ya entonces.

Y luego estaba... Neptuno.

Cuando las puertas del gran salón se abrieron y ella entró, se hizo el silencio. Venía acompañada por otras siete figuras que parecían escoltarla, pero ella iba al frente.

Neptuno era probablemente la criatura más maravillosa y también más bella que quedaba en la tierra en ese momento.

Era una caballera, pero a diferencia de sus hermanos, no infundía miedo ni tampoco resultaba intimidante.

Lo que Neptuno infundía era... Simple y llanamente, ternura. Amor.

Su larga cabellera lucía una tonalidad rosada, que quedaba parcialmente tapada por una gran cornamenta retorcida similar a la de un carnero. Sus ojos verdes se iluminaron al encontrarse con los de sus hermanos, antes de que corriese a sus brazos.


-¡Júpiter! ¡Mercurio! ¡Hermanos míos...! Estaba tan preocupada por vosotros...

[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 1)

 La Soberana de la Torre Negra subió a la cima de la Torre. Caminó con paso firme y sonoro por el empedrado y se asomó al borde, contemplando la ciudad de Worroc, a sus pies. Estaba sola pues así lo había decidido. Asmodeo acababa de regresar del destierro y seguía castigada hasta la semana viernes. Estaba más callada de lo habitual, más seria. También Belphegor. Ninguna había manifestado deseos de hablar con ella. Lucifer le informaba sobre la situación de ambas y parecía que el castigo al que las había sometido había funcionado. La férrea disciplina del Oeste funcionaba. Júpiter era capaz de convertir incluso a los demonios en leales. Eso decían de ella.

Pensar en esa lealtad que no sólo había sido forjada a través de la autoridad y el miedo llevó a Júpiter al pasado. A un pasado sobre el que no podía pensar sin odio y rencor. Eran dos sentimientos que hervían en su interior constantemente y se retroalimentaban el uno al otro de tal manera que habían reducido a la nostalgia, al dolor... y a casi cualquier sentimiento bondadoso que pudiera tener a la mínima expresión. Apenas una sombra.

Eso la había conducido a no ser sociable, a ser solitaria, tajante, intransigente. A aceptar su trabajo como Guardiana de la Torre Negra sin traumas. Estaba sola porque así lo había querido. Porque era, tras miles y miles de años, incapaz de amar o de empatizar con los demás.

Había dispuesto tener una Tríada al servicio del Reino porque había conseguido un equilibrio que, lidiando con ángeles y demonios, era muy difícil conseguir... y mantener.

Sin embargo, estaba satisfecha. Estaba convencida de que sus elecciones eran correctas y la Tríada respondía tan bien y de forma tan eficiente que ella podía dedicarse a salvaguardar el descanso de Andrómeda.

No le importaban los rumores, no le importaban los demás reinos, no le importaba prácticamente ni siquiera el suyo. Pero mantener la paz era la mejor forma de mantener la Torre a salvo. Y si eso suponía tener que aguantar a los demás... lo haría. Siempre lo había hecho.

Júpiter tenía fama de ser un ángel caído sin corazón, un ser sombrío capaz de absorver parte de tu alma con sólo una mirada.

Aunque no siempre había sido así...

viernes, 5 de febrero de 2021

Introducción a la Era de los Cuatro Reinos

[Desde el año 10.650 al año 11.000]


Un equipo de traidores a La Corporación ha provocado la caída del Ordenador.
Ahora, tras recuperar una libertad olvidada, la humanidad deberá hacer frente a aquellos que todavía pretenden volver a sumirles en la servidumbre, mientras recuperan los restos despedazados de su identidad pasada.

Tan sólo cuatro de las grandes naciones del pasado logran recomponerse y consolidarse nuevamente.
Durante esta época, varias negligencias despertarán diferentes males que habían permanecido dormidos durante mucho, mucho tiempo...

Además de esas amenazas, también deberán enfrentar la sed de poder de los tiranos Orientales, Chen Tao y Tofu Mao.
Todo esto acabará estallando en forma de un conflicto a escala mundial en el que humanos y monstruos volverán a tomar contacto por primera vez en siglos.

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