La Soberana de la Torre Negra subió a la cima de la Torre. Caminó con paso firme y sonoro por el empedrado y se asomó al borde, contemplando la ciudad de Worroc, a sus pies. Estaba sola pues así lo había decidido. Asmodeo acababa de regresar del destierro y seguía castigada hasta la semana viernes. Estaba más callada de lo habitual, más seria. También Belphegor. Ninguna había manifestado deseos de hablar con ella. Lucifer le informaba sobre la situación de ambas y parecía que el castigo al que las había sometido había funcionado. La férrea disciplina del Oeste funcionaba. Júpiter era capaz de convertir incluso a los demonios en leales. Eso decían de ella.
Pensar en esa lealtad que no sólo había sido forjada a través de la autoridad y el miedo llevó a Júpiter al pasado. A un pasado sobre el que no podía pensar sin odio y rencor. Eran dos sentimientos que hervían en su interior constantemente y se retroalimentaban el uno al otro de tal manera que habían reducido a la nostalgia, al dolor... y a casi cualquier sentimiento bondadoso que pudiera tener a la mínima expresión. Apenas una sombra.
Eso la había conducido a no ser sociable, a ser solitaria, tajante, intransigente. A aceptar su trabajo como Guardiana de la Torre Negra sin traumas. Estaba sola porque así lo había querido. Porque era, tras miles y miles de años, incapaz de amar o de empatizar con los demás.
Había dispuesto tener una Tríada al servicio del Reino porque había conseguido un equilibrio que, lidiando con ángeles y demonios, era muy difícil conseguir... y mantener.
Sin embargo, estaba satisfecha. Estaba convencida de que sus elecciones eran correctas y la Tríada respondía tan bien y de forma tan eficiente que ella podía dedicarse a salvaguardar el descanso de Andrómeda.
No le importaban los rumores, no le importaban los demás reinos, no le importaba prácticamente ni siquiera el suyo. Pero mantener la paz era la mejor forma de mantener la Torre a salvo. Y si eso suponía tener que aguantar a los demás... lo haría. Siempre lo había hecho.
Júpiter tenía fama de ser un ángel caído sin corazón, un ser sombrío capaz de absorver parte de tu alma con sólo una mirada.
Aunque no siempre había sido así...
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