lunes, 8 de febrero de 2021

[Era de los Místicos] Percal Infernal (Parte 5)

 Júpiter observó a los demonios recién llegados mientras comían y Lucifer contaba lo que estaba pasando. Atisbaba en él a un gran guerrero contra el que combatir de forma amistosa un día y le recordaba, salvando las distancias, a alguien que conocía muy bien. Asmodeo, sin embargo... miraba de reojo a su hermano Mercurio y veía las miradas de soslayo que dirigía a la bella súcubo que le miraba de vez en cuando y sonreía sin decir nada. Y no le cabía la menor duda de que la sonrisa de la joven albergaba algún tipo de poder seductor. Eso, que le hizo recordar a Saturno y todas las veces que la había engañado, le hizo romper una copa porque a fin de cuentas... ¿dónde se había metido para no acudir a la reunión? ¿Acaso estaba, para variar, tonteando con alguna ramera?


Satan, que luchaba por contener su ira constantemente y ella, al producirse la rotura de la copa, se miraron. Y se produjo una pequeña corriente de entendimiento entre ambos.



Las nuevas que contaron Lucifer y Neptuno eran cuanto menos cuestionables. A su juicio, Marte era incapaz de hacer todo eso que creían. No, su hermana pequeña no podía haber hecho todo eso. Lo más probable es que se tratara de algún otro tipo de ente oscuro el que estaba encerrando demonios y apropiándose del nombre de su hermana. Era una insolencia imperdonable. Entendía que aquellos líderes quisieran ir a comprobar la situación. Sus congéneres estaban desapareciendo y todo hacía presagiar algo malo. Sin embargo, Neptuno... no podía dejar que su hermana fuera sola. Se excusó y salió de la estancia sin responder a Neptuno. Al cabo de medio minuto volvía a entrar seguida por un ser de belleza serena pero deslumbrante, espectacular. Era un gran ángel femenino de alas de un blanco cegador y armadura impoluta y brillante, plateada con rebordes dorados. Desprendía un aura beatífica que todos pudieron captar. Su mirada era triste, su rostro, melancólico.


-Os presento al Lucero del Alba. Fue Guardiana de la Humanidad en Kanassa y uno de los pocos supervivientes. Neptuno, no puedo dejar que vayas sola a Prontera. Si llegara a pasarte algo no me lo perdonaría jamás, así que por favor, permitid que este ángel, que ha vagado solo durante milenios y que en cuanto tuvo noticias de mi despertar acudió a mi encuentro, os acompañe. Hermana, no hay nadie en quien confíe más, a excepción de ti, por supuesto.


El ángel hizo una inclinación de cabeza, llena de respeto.


-Sería un orgullo para mí poderos acompañar, Lady Neptuno. - les dijo.


La complicidad entre aquel ángel y Júpiter era evidente y las palabras de la hermana mayor no parecían contemplar la posibilidad de una negativa.


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